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TODO ES MUY RARO :LA INOCENCIA DE NOOS

jesusmc | 25 Febrero, 2012 10:55

La inocencia de Noos    

Urdanga era un buen chico. Él como tantos otros de su generación querian triunfar,hacerse un buen capital, fortalecer el sistema, reforzar el estado del bienestar . No conocía otro y lo consideraba como el modo supremo de la libertad.     Urdanga, creció pensando en el triunfo y decidió leer el libro que el profesor de estrategias de gestión ,Santi Pelaez, le había recomendado cuando estaba en el último curso de ESADE: El Arte de la Guerra, de Sun Tzu.

 En eso, no era muy original, porque ya otros compañeros y profesores habían visto en ese libro, unas ideas que consideraban fundamentales para atacar y defenderse del enemigo  en la jungla de los despachos.    Para eso era importante esfuerzo y estrategia y los 87 consejos del sabio guerrero chino les abria las puertas de Oriente. Así empezó a saber que si las tropas enemigas se hallan bien preparadas tras una reorganización, intenta desordenarlas. Si están unidas, siembra la disensión entre sus filas. Ataca al enemigo cuando no está preparado, y aparece cuando no te espera. Estas son las claves de la victoria para el estratega y como esos hay 87 consejos más para conseguir el triunfo.    Lo cierto es que a Urdanga el título de los capitulos le sonaba a musica empresarial: sobre la evaluación,sobre la iniciación de las acciones,sobre la victoria y la derrota,sobre la medida en la disposición de los medios,sobre la firmeza,sobre el enfrentamiento directo e indirecto,sobre la distribución de los medios, sobre la concordia y la discordia y tantos más.

   

   En la jungla del capital, en el campo de batalla de la confrontación empresarial sólo cabía estar preparado mental y físicamente. Por eso a estas fortificaciones estrategias añadía sus sesiones diarias de “pilates”. Urdanga creía que como buen guerrero empresarial,el cuerpo tiene que encontrar su sintonia con la mente y practicar eficazmente el  control mental,mediante la respiración y la relajación.Así, sin sudar ,que es cosa obrera, aprendía a controlar el uso de la mente con sus estrategias de ataque chino y con el “pilates” controlaba hast el último músculo de su cuerpo, eso le daba equilibrio y serenidad para seguir haciendo empresa, para traer dinero a casa, para luchar en definitiva por aquello que creía eficaz y justo. Tan solo quería enriquecerse, vivir en una buena casa y dar colegio alemán a sus hijos.    

 Pelaez había sido profesor de Urdanga y amigo de toda la “colla” del Barça. Asi  llamaba él a los apóstoles del círculo virtuoso que dirigian el club que es más que un Club. En ese momento virtud, honestidad, autenticidad eran palabras adecuadas a aquellos que  estaban llamados a hacer grandes cosas en el mundo empresarial. Por cierto que Marlés,uno de los más ambiciosos del grupo, se estrelló años más tarde  con un negocio turbio,mezcla de nacionalismo y capital con una compañia aerea. 

    Urdanga y Pelaez coincidieron una tarde en el círculo de economía, allí había una conferéncia organizada por Pepe Palau para intentar modernizar las ideas de sus socios. Para ello, pensó invitar a Javier Oreo el joven empresario y director de la revista Laus que era un referente, una guía de actitudes y tendencias en  el diseño contemporáneo. Laus y NEO 2 de Ipsum Planet  eran los editores de  mayor incidencia joven y auténticos creadores de estilos y tendencias. Lo que ellos publicaban se convertía en auténtica palabra de oráculo para la juventud.

      Urdanga y Pelaez se sentaron cerca de los de la “colla” del Barça que también estaban allí y en un clima  de confianza  y complicidad entre pares, Javier Oreo inició su exposición  exigiendo a los jóvenes empresarios una Creatividad máxima en cualquier terreno de la vida y  tras hacer un breve elogio del sentido común y de la importancia de estar atentos a todo lo que sucede, dijo, que había una palabra que estaba en boca de los empresarios americanos y esa  palabra era: Honestidad. Todos quedaron sorprendidos.

    Oreo insistía en que no debe asombrarnos esta  neo-inquietud sobre el comportamiento ético y sobre la actitud humana porque hace tiempo que sabemos que  la influencia del empresario, ahora llamado emprendedor es muy importante y que la fabricación de  un rótulo, una silla, una lámpara, un rayador de verduras o una tetera marcaran para siempre el sentido de nuestra vida hacia la felicidad o la desgracia.

  Oreo proponía los caminos adecuados para explorar los sistemas invisibles para intervenir en nuestra sensibilidad que acaban teniendo consecuencias en el comportamiento y en las conductas éticas. Las cosas que nos rodean, las imágenes que vemos a diario se instalan en nuestra mente y condicionan de un modo grave nuestro imaginario individual y colectivo. Los neo-emprendedores  se han dado cuenta de este hecho y con total responsabilidad de su misión se han convertido en los nuevos predicadores de nuestro tiempo, parece que han escogido el camino de la virtud que es una disposición habitual y firme para hacer el bien .Se consideraba a si mismo como un modelo de joven emprendedor y les dijo que el empresario actual ya se ha decidido y no se preocupa por resolver encargos o proponer nuevos productos, sino que es él mismo,  quien propone nuevas actitudes estéticas y éticas, quien nos obliga a tener una posición sobre la Honestidad y sobre la vida.   

Javier Oreo tenía unos cuarenta años y era emprendedor, escritor, economista, conferenciante internacional y consultor empresarial. Formado en ESADE como todos los demás, su revista de moda era uno más de los muchos proyectos que gestionaba. Para él, era natural mezclar  la terminología de su formación en administración empresarial ,su escuela de hacer negocios con expresiones propias de un autor de best selles de autoayuda. En su charla iban a pareciendo expresiones como “Hoy vas a tener Suerte” ,”Busca el Norte en ti mismo”, ” Realiza una Vida Plena” o  “No hay Crisis cuando tienes poder” , “En tu interior se encuentra la Felicidad” o “Mira diafanamente a tu corazón”, ”Tú tienes la palabra”,“Busca el tesoro de tu mente”. Urdanga y Pelaez estaban embobados. Si no fuera porque estaban  aferrados a sus LapTop de Balmain y con sus rigurosos trajes  oscuros hubiera parecido que estaban abducidos por un “guru” neo-evangelista proponiendo un Nuevo Orden Mundial en una planicie de Waco.En sus oídos resonaban como si fueran palabras angélicas, llenas de una nueva autenticidad que desconocían hasta entonces, una sensación que tan solo se parecía a la lectura de aquellos primeros párrafos del arte de la guerra. Las palabras que habían escuchado una y mil veces como: innovación,  creatividad,  gestión de personal o  gestión empresarial, les sonaban como una nueva música, como si  una nueva psique apareciera con la luz de la filosofía profunda y perenne. 

   Acabada la conferencia, Oreo propuso un ejercicio de meditación y respiración, todos en silencio entornaron los ojos y durante cinco minutos estuvieron en el nirvana. Al salir fueron al Taita, su lugar de encuentro preferido, cerca del despacho, cerca de los jardines del Turó, cerca de donde vivían aquellos en los que podían confiar. Alli, se habían encontrado alguna vez con Millet, con Samaranch que vivía a escasos metros, empresarios de otra generación y de otros modos. Ellos no eran así, eran diferentes.

    Estaban excitados y Pelaez, con más edad y más lecturas que Urdanga le propuso que debían constituirse en sociedad sin ánimo de lucro, para enriquecerse, pero noblemente, para transmitir la buena nueva de unos empresarios que ya no serían más esos emprendedores canallas, con comidas en marisquerias de lujo y modales agresivos, sino que inspirados en el conocimiento auténtico de si mismo que les proponía Oreo, aplicando los criterios de honestidad y autenticidad fundarían un instituto de empresa y que como su objetivo era la transformación de la mente del cuerpo y del espíritu recordaron la frase de Javier Oreo:“Busca el tesoro de tu mente” y decidieron que a su nueva empresa le llamarían NOOS que en griego significa mente. EL RESTO YA LO CONOCEMOS. 

 

             

LA MUERTE DE ANTONI TÁPIES O MEDITACIÓN FRENTE AL MURO.

jesusmc | 08 Febrero, 2012 18:14

        

 

 

A los pocos minutos de conocer la noticia de la muerte de Antoni Tápies escribí en  mi Facebook :  Ha muerto Antoni Tápies en el año del doble infinito 88.Ahora ya se encuentra definitivamente frente al MURO. 

 

 

Esta expresión está fundada en un texto  escrito por el artista en 1969 y solicitado por la revista Essais para un número dedicado a temas en torno a la idea del muro: como formas de expresión en el arte contemporáneo.  El texto me gusta porque define a la perfección lo más sustancial de la obra del gran maestro de la modernidad. Por un lado define la utilización de la materia  , del polvo y del rasgado tan importante en su obra y por otro menciona la importancia de Bodhidharma y su contemplación sobre el muro como fundamento de la filosofía compleja del budismo zen.    

 

 

 

Antoni Tapies    La larga noche;el son del aguadice lo que pienso.  GOCHIKU    

 

 

    Siempre que me han pedido explicaciones sobre lo que llaman mis muros, ventanas o puertas, procuro aclarar inmediatamente que en realidad he hecho menos muros, ventanas o puertas de las que se imagina la gente. Mi respuesta se puede interpretar en un doble sentido. Primero, como una protesta, o como una invitación a que mis muros, ventanas o puertas -que, de todas maneras, pueden muy bien estar en mis cuadros- sean tomadas fundamentalmente como una organización artística. En segundo lugar, como una advertencia al hecho de que estas imágenes, en mis intenciones, como en la mayoría de las obras de arte, jamás han sido un fin en sí mismas, sino que han de verse como un trampolín, como un medio para alcanzar unas metas más lejanas. Pero el muro, la ventana o la puerta -como tantas y tantas imágenes que han desfilado por mis telas- no dejan sin embargo de estar en ellas, y estoy muy lejos de intentar escamotearlas. Con esto quiero decir que no pienso que las imágenes, en mis obras, hayan de considerarse como una mera excusa indiferente en que apoyar unos ingredientes plásticos, como se dice que fueron por ejemplo los «asuntos» para los impresionistas o fauves, «asuntos» de los cuales, se añade a veces, se liberaron ya del todo los artistas abstractos o informalistas posteriores. Mis muros, ventanas o puertas -o cuando menos su sugerencia-, al contrario, siguen en pie sin eludir responsabilidades y con toda su carga arquetípica o simbólica.

¿Se trata quizá de un retorno al «asunto»?

 La respuesta ha de ser nuevamente ambigua. Hoy sabemos que en la estructura de la comunicación artística las cosas, mágicamente, a veces están y no están, aparecen y desaparecen, van de unas a otras, se entrelazan, desencadenan asociaciones ... ¡Todo es posible! Porque todo ocurre en un campo infinitamente más grande que el que delimita la medida del cuadro o de lo que hay materialmente en el cuadro. Porque éste es únicamente un soporte que invita al contemplador a participar en el juego mucho más amplio de las mil y una visiones y sentimientos: el talismán que alza o derrumba los muros en rincones más profundos de nuestro espíritu, que abre y cierra a veces las puertas y ventanas en las construcciones de nuestra impotencia, de nuestra esclavitud o de nuestra libertad. El «asunto» puede hallarse, pues, en el cuadro o puede estar únicamente en la cabeza del espectador. Si tengo que hacer la historia de cómo se fue concretando en mí la consciencia de este poder evocador de las imágenes murales, he 'de remontarme muy lejos. Son recuerdos que vienen  de mi adolescencia y de mi primera juventud encerrada entre los muros en que viví las guerras. Todo el drama que sufrían los adultos y todas las crueles fantasías de una edad que, en medio de tantas catástrofes, parecía abandonada a sus propios impulsos, se dibujaban y quedaban inscritos a mi alrededor. Todos los muros de una ciudad, que por tradición familiar me parecía tan mía, fueron testigos de todos los martirios y de todos los retrasos inhumanos que eran infligidos a nuestro pueblo.

Sin embargo, no cabe duda de que los recuerdos culturales aumentaron naturalmente el acento de esta experiencia. Y desde todas las divulgaciones arqueológicas que fui absorbiendo hasta los consejos de Da Vinci, desde todas las destrucciones de Dada hasta las fotos de Brassal, todo esto contribuyó -y no es de extrañar- a que ya las primeras obras de 1945 tuviesen algo que ver con los graffiti de la calle y con todo un mundo de protesta reprimida, clandestina, pero llena de vida, que también circulaba por los muros de mi país.

 Más tarde llegó «la hora de la soledad». Y en mi reducida habitación-estudio comenzaron

los cuarenta días de un desierto que no sé si terminó. Con un ensañamiento desesperado y febril llevé la experimentación formal a unos grados de maníaco. Cada tela era un campo de batalla en el que las heridas se iban multiplicando cada vez más hasta el infinito. Y entonces acaeció la sorpresa. Todo aquel movimiento frenético, toda aquella gesticulación, todo aquel dinamismo inacabable, a fuerza de arañazos, de golpes, de cicatrices, de divisiones y subdivisiones que infligía a cada milímetro, a cada centésima de milímetro de la materia, provocaron súbitamente el salto cualitativo. El ojo ya no percibía las diferencias. Todo se unía en una masa uniforme. Lo que fue ebullición ardiente se transformaba en silencio estático. Fue una gran lección de humildad recibida por la soberbia del desenfreno.

 Y un día traté de llegar directamente al silencio con más resignación, rindiéndome a la fatalidad que gobierna toda lucha profunda. Los millones de furiosos zarpazos se convirtieron en millones de granos de polvo, de arena ... Ante mí se abrió de repente un nuevo paisaje, igual que en la historia del que atraviesa

el espejo, como para comunicarme la interioridad más secreta de las cosas. Toda una nueva geografía me iluminó de sorpresa en sorpresa. Sugestión de raras combinaciones y estructuras moleculares, de fenómenos atómicos, del mundo de las galaxias, de imágenes del microscopio. Simbolismo del polvo -«confundirse con el polvo, he aquí la profunda identidad, es decir, la profundidad interna entre el hombre y la naturaleza» (Tao Te King)-, de la ceniza, de la tierra de donde surgimos y a donde volvemos, de la solidaridad que brota al ver que la diferencia que hay entre nosotros es la misma que hay entre dos granos de arena ... Y la sorpresa más sensacional fue descubrir un día de repente que mis cuadros, por primera vez en la historia, se habían convertido en muros.

 ¿Por qué extraño proceso había llegado a unas imágenes tan precisas? ¿Y por qué, como primer espectador, me hicieron temblar de emoción? Evidentemente, nada surge de la nada y todo había de tener una explicación. ¿Era la culminación de un proceso de fatiga causado por la proliferación de un fácil tachismo en todo el mundo? ¿Una reacción para salir de todos los informalismos anárquicos? ¿Un intento de escapar de los excesos abstractos y un afán por algo más concreto? ¿Veía acaso con aquello la posibilidad de tocar terrenos aún más primordiales, los elementos más extremadamente puros, más esenciales de la pintura, que los maestros de la generación anterior me habían estimulado a buscar? Quizás a otro artista todo le habría pasado más o menos inadvertido, o habría sido más o menos transitorio. Pero, ¿cómo podía no marcarme a mí? ¡Curioso destino de mi nombre! Parecía que se cumpliera en mí el extraño presagio que unos años antes había oído explicar a un adepto de las ciencias ocultas sobre la influencia de nuestro nombre en el propio carácter y en el propio destino.   ( la coincidencia nominal, que el propio Tápies reconoce como un destino, como una obligación: Tapia(muro) Tápies, a la que yo añado el apellido de Tapié el gran teórico del informalismo abstracto y guía de su homónimo Antoni Tápies.) 

   La cuestión es que en poco tiempo tomé consciencia de una serie de posibles experimentaciones que, en años sucesivos, me apasionaron cada vez más y que sin duda tuvieron también sus frutos y su resonancia más o menos grande en todo el mundo del arte.

 

¡Cuántas sugerencias pueden desprenderse de la imagen del muro y de todas sus posibles derivaciones! Separación, enclaustramiento, muro de lamentación, de cárcel, testimonio del paso del tiempo; superficies lisas, serenas, blancas; superficies torturadas, viejas, decrépitas; señales de huellas humanas, de objetos, de los elementos naturales; sensación de lucha, de esfuerzo; de destrucción, de cataclismo; o de construcción, de surgimiento, de equilibrio; restos de amor, de dolor, de asco, de desorden; prestigio romántico de las ruinas; aportación de elementos orgánicos, formas sugerentes de ritmos naturales y del movimiento espontáneo de la materia; sentido paisajístico, sugestión de la unidad primordial de todas las cosas; materia generalizada; afirmación y estimación de la cosa terrena; posibilidad de distribución variada y combinada de grandes masas, sensación de caída, de hundimiento, de expansión, de concentración; rechazo del mundo, contemplación interior, aniquilación de las pasiones, silencio, muerte; desgarramientos y torturas, cuerpos descuartizados, restos humanos; equivalencias de sonidos, rasguños, raspaduras, explosiones, tiros, golpes, martilleos, gritos, resonancias, ecos en el espacio; meditación de un tema cósmico, reflexión para la contemplación de la tierra, del magma, de la lava, de la ceniza; campo de batalla; jardín; terreno de juego; destino de lo efímero ... y tantas y tantas ideas que se me fueron presentando una tras otra como las cerezas que sacamos de una cesta. ¡Y tantas y tantas cosas que parecían emparentarme con orgullo a filosofías y sabidurías tan apreciadas por mí!

 

Qué gran sorpresa tuve, por ejemplo, al saber posteriormente que la obra de Bodhidharma, fundador del Zen, se llamó: Contemplación del muro en el Mahayana. Que los templos del Zen tenían jardines de arena formando estrías o franjas parecidas a los surcos de algunos de mis cuadros. Que los orientales ya habían definido determinados elementos o sentimientos en la obra de arte que inconscientemente afloraban entonces en mi espíritu: los ingredientes Sabi, Wabi, Aware, Yugen ... Que en la meditación búdica buscan igualmente un apoyo en unas Kasinas consistentes a veces tierra colocada en un marco, en un agujero, en una pared, en materia carbonizada ... ¿Puede seguir llamándose muros a todo lo que he hecho?

 

 Lejos del cliché que la gente se forma del artista, con todo su bagaje de necesaria originalidad, personalidad, estilo, etc., que hace que las obras hablen de puertas afuera, para el autor hay, ante todo, un núcleo de pensamiento más anónimo, colectivo, del cual sólo es un modesto servidor. Es seguramente la zona donde está depositada la sabiduría que en realidad se encuentra por debajo de todas las ideologías y las fatales contingencias del mundo. Es el impulso de nuestro instinto de vida, de conocimiento, de amor, de libertad, que ha sido conservado y vivificado por la sabiduría de siempre. Las formas en que se concreta, imprescindibles sin duda para la captación de sus mensajes, son el episodio obligado de las propias leyes de crecimiento que tiene el arte en cada momento dado. La imagen del muro, con todas sus innumerables resonancias, constituye, naturalmente, uno de estos episodios. Pero si alguna importancia tiene en la historia de los encadenamientos estilísticos, no puede ser otra que la de haber reflejado por un momento este patrimonio común que todos los hombres creamos en momentos de profundidad durante el curso de los siglos y sin el cual la cosa artística sería siempre superflua, banal, pretenciosa o ridícula. Y donde los estilos, las escuelas, las tendencias, los ismos, las fórmulas y los mismos muros no son, por sí solos, ninguna garantía de una expresión auténtica.    

 

 

 

  Texto incluido en el diálogo entre Antoni Tápies y José Angel Valente publicado por Ediciones de la Rosa Cúbica. Barcelona, 2004.

 

 
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