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LA CABAÑA JAPONESA: TOYO ITO.SOU FUJIMOTO.KAMO NO CHOMEI

jesusmc | 23 Noviembre, 2011 22:37

                                 

   

 

Artículo publicado en el suplemento  Cultura´s  de LA VANGUARDIA. Nº 492 (23/11/2011) 

   

 

   “Hôjôki”, Un relato desde mi choza” (1212) es un breve texto que ha influido poderosamente en la formación del espíritu resignado y contemplativo del pueblo japonés y que ha inspirado a todos aquellos que han decidido hacer del retiro un lugar de encuentro con lo fundamental. En esta pequeña obra se hallan las consideraciones que el poeta, monje y músico tocador de “biwa” Kamo No Chômei (1155 – 1216) nos hace desde su ausencia, en una choza de nueve metros cuadrados, en las estribaciones del monte Hino en la provincia de Toyama. La literatura japonesa lo tiene entre sus libros más apreciados y su influencia perdura tras siete siglos de la publicación hacia el infinito y más allá.

 

    Quiero destacar las condiciones básicas del retiro cabañal a partir del ejemplo de dos arquitectos japoneses contemporáneos. La primera condición es el reconocimiento de la naturaleza como paradigma y destino. Este anhelo ha sido el primer motor de la obra del arquitecto Toyo Ito que ha sabido captar la musculatura de la naturaleza para convertirla en tensión y resistencia pero también en ductilidad, suavidad e integración. Sabemos que las olas en su fragilidad tienen estructuras moleculares que sostienen grandes pesos. El arquitecto y su ingeniero de cálculo de estructuras Mutsuro Sasaki hablan del gran misterio de la Forma y de las complejas tramas que subyacen en el crecimiento de una flor. Para ellos, arquitectura, tecnología y naturaleza están en angélica armonía.

 

    Uno de los primeros proyectos de Toyo Ito fue la “Casa Sengataki” (1974), un pequeño habitáculo construido en un paisaje renombrado por la belleza de su desfiladero y sus aguas. Unos años más tarde, volvió a rendir homenaje a la naturaleza y lo hizo con la “ Aluminium Cottage” (2004) en Minamikoma, un volumen trapezoidal de pequeñas dimensiones, una cabaña ligera y móvil en la que el cálculo matemático convive con la poesía y la sensibilidad morfogenéticas.

 

     La segunda condición, nos habla de lo mínimo necesario para existir tal como demuestra la cabaña del joven arquitecto Sou Fujimoto (1971) construida en las montañas de la prefectura de Kumamoto. Conocida como la “Final Wooden House” (2008) es un habitáculo de madera que tiene solo 8 m de lado, con un área de vida de 15,13 m2. y que es la réplica japonesa al Cabanon de Le Corbusier.

       Solo el sentido de la unión de opuestos del pensamiento oriental permite reunir en una misma expresión dos nociones aparentemente contradictorias: la arquitectura teórica y la sensorial, a la vez.

   Así es como ve Toyo Itto la cabaña de Sou Fujimoto, el resultado de ese encuentro en el que surgen las cuestiones fundadoras sobre qué es la arquitectura, sobre cómo debería la arquitectura relacionarse con la naturaleza, y de cómo hablar de arquitectura, es sinónimo de hablar del mundo y de las personas, una conversación a la que los sentidos se suman para reforzar la experiencia.

 

   Ito y Fujimoto se plantean con sus pequeñas casas la búsqueda de la esencia, la raíz del acto constructivo. Unas cabañas que son el origen de la arquitectura y la vida, pero que a su vez son el lugar donde se puede realizar la liturgia de la transformación espiritual.

   Los cimientos filosóficos.

 

    ¿Pero que tienen las páginas de este libro que no agotan su caudal inspiratorio? ¿qué sentido tiene, hoy en día, construir una casa tan pequeña? ¿Quién es el candidato adecuado para habitarla?

 

    La primera condición del candidato es el reconocimiento de que el dolor y el temor a la muerte existen y que ambos pueden cesar y que hay un camino para conseguirlo. El candidato es alguien capaz del retiro voluntario y el alejamiento social. Kamo se retiró, a pesar de su creciente fama como poeta imperial, para vivir de modo eremítico y escribir en 1212 esta pequeña joya de la literatura universal.

    Un elogio del retiro voluntario, pero no tanto para poder regenerar la conciencia, sino para llevar una vida hecha de soledad y abandono. El candidato es alguien capaz de comprender que todo tiene la impermanencia del vapor que se concentra y disipa. Es alguien que acepta la imprevisibilidad de la naturaleza que todo crea y destruye, es alguien que entiende la negación, el absurdo y el sinsentido de las  ausencias como factores positivos, es quien busca la independencia auténtica, el cobijo del silencio absoluto, es aquel que encuentra placer en lo mínimo y hace de todo, una experiencia fundamental del vacío que transforma su conciencia, pero más que nada es alguien que no se encuentra apegado ni a las cosas ni a la vida, ni siquiera a la tranquilidad, ni a la serenidad y sobre todo es aquel que viste el hábito de una humildad absoluta.

      La edición bilingüe que he utilizado divide el libro en seis capítulos y 37 partes en los que van apareciendo los cimientos que dan fortaleza a tan frágil construcción en connivencia con el espacio máximo de la naturaleza desde donde el poeta reflexiona sobre la existencia y el modo de vivir de la gente: “Solo aquí en mi choza se está en paz y sin temor, tan pequeña como es, hay espacio para dormir de noche y sentarse de día: el espacio suficiente para un hombre” …”La realidad sólo depende de tu corazón, si no está en paz un palacio te parecerá insuficiente.

  La recompensa del candidato es la superación del dolor mediante la práctica correcta, el encuentro con la naturaleza y saber vivir adecuadamente con lo mínimo necesario en un espacio de apenas nueve metros cuadrados. Una vez más, la cultura japonesa, a través de su arquitectura moderna ha conseguido reunir lo más antiguo con lo más moderno y mantener viva la estela filosófica de este monje-poeta que los japoneses tienen como ejemplo de comportamiento, como la actitud necesaria para aceptar los designios de las catástrofes y para la correcta comprensión de la auténtica naturaleza del ser humano.

 

   

 Toyo Ito 

 

  Sou Fujimoto  

 

 

   

 

  

   

 

 

     

 

 

  

 

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comentarios

  1. la esencia

    Una casa así es la síntesis. Sin duda es mejorar una obra de faraones, la punta de un iceberg de poso denso.

    Cuando nos piden que escribamos algo con sustancia en cinco minutos o nos dan un par de ingredientes y nos dicen que a ver si tenemos redaños para hacer un guiso decente, o nos piden que dejemos la vida en en algo... es entonces cuando tenemos que realizar un ejercicio poético: un esfuerzo por dejar atrás los artilugios para buscar la esencia.

    Creo que todos somos buenos candidatos a vivir en una casa así. Estar atentos y esperar al momento en que entendamos que sólo nos hace falta alimento y un techo para ser felices. Vivir rodeado de cosas bellas, en comunión con la naturaleza y la tecnología cambia a las personas y determina por donde pueden ir sus pensamientos futuros, claramente más optimistas. Las buenas prácticas a las que te refieres, el equilibrio, nuestro eje personal, tienen más presencia en medio de la nada. Alguna vez, mientras me despertaba en la montaña, me he emocionado escuchado las pisadas de un ave muy chiquita en el techo de mi caravana, y eso se convertía en la inequívoca señal de que se estaba viva para escucharlas. Como también me ha emocionado leer en tu artículo la mención que haces a cómo los japoneses aceptan los designios de las catástrofes. El año pasado, tras el terremoto, los japoneses se alejaban de los puntos de riesgo, prepararon el equipaje e hicieron cola en los aeropuertos y estaciones. Parece ser que nadie perdió la compostura: no hubo empujones y cedieron su asiento a los más mayores. En ningún momento se les vio correr.

    Gloria Cruz | 26/11/2011, 16:00
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