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J.E.CIRLOT EN ARTS SANTA MÓNICA

jesusmc | 01 Diciembre, 2011 19:52

CIRLOT EN SANTA MONICA

  Cirlot y El Amor: ¿quién es María del Carmen?

 

   

      En 1985, cuando hacía unos años que Juan Eduardo Cirlot había muerto, pedí una beca a la Generalitat de Catalunya  para hacer un estudio sobre su crítica de arte y me la concedieron. Desde entonces lo tengo en la mente y en el corazón. Ayer, veinticinco años después,  asistía con actitud correcta e interesada a las explicaciones que daba Enric Granell, el comisario de la exposición que se ha hecho sobre mi celebrado crítico de arte en  Arts Santa Mónica.

 

     Estaba concentrado en sus magníficas explicaciones cuando vi aparecer en la sala un personaje de gran presencia mediática que iba acompañado de una atractiva joven. Llevados por el amor, ignorando nuestra docta presencia y el calado conceptual del comisario, se acercarón hacia nosotros y no dejaban de hacerse caricias, besos profundos en la boca , roces entre las piernas.

 

     De repente, me dí cuenta que ni Enric Granell, de quien se dice que   conoce mejor a Cirlot que sus propias hijas: Lourdes y Victoria, ni yo mismo, no nos habíamos percatado que el verdadero y quizá único motor del pensamiento y de la obra de Cirlot es: el amor. 

       Al llegar a casa, desempolvé viejas anotaciones, busqué como poseído por una extraña pasión hasta bien entrada la madrugada y esto es lo que encontré: 

 

 

      Esta noche he vuelto a soñar con María del Carmen. Pero la significación general de todas las imágenes bajo las cuales ella se ha aparecido me consternan al tiempo que me salvan.

Son ya quince años de vivir entre sueños, de rodar con la cabeza rota bajo todos los paisajes que ella ha querido darme; quince años de tener la palabra no escrita en todas mis acciones y en todos mis recuerdos, y así hasta configurar el orden de mis idiomas expresivos, el contenido de mis aspiraciones: la negatividad total de mi concepción del mundo y de la misma tierra del más allá, que Um-Napishti, el sumerio, señalaba con su escuálida mano, sobre las tristes aguas del mar inaccesible.

 

Y siempre, desde que su imagen se apartó de la mía, rompiendo la piedra de mi alma en dos trozos desiguales; el uno manchado de sangre, resplandeciente como topacio el otro, siempre -digo- su visitación acontecía para animarme en mi extraño subvivir, cuando yo llegaba a casa cansado, y había cenado mal y lúgubre, y mis padres me parecían seres de otro mundo, y la oficina resonaba en mi cerebro como una inacabable cadena de sombras asechanzas, pero entonces, desde la grieta a que me refiero, desde la torre muerta, ella venía con palabras nunca oídas, con gestos puros, con flores azules y pequeñas en la mano, o se acercaba por un lento paisaje húmedo, en el que los cipreses parecían nacer de la niebla, y su rostro de oro, como un corazón de arcángel se apretaba contra las entrañas de mi espíritu y abriéndolas con furia de cariño maternal me decía quererme, esperarme, o que me acompañaría en otra existencia, acaecida a pesar de todos mis errores, así celestialmente, aun cuando a veces soñaba estas cosas al regreso de los graves prostíbulos, manchado por la alegría de la carne joven, por sonrisas de cristales innumerables, por largas espesuras de muslos y de bocas llenas de cantos extinguidos.

Sin embargo, por primera vez en esta historia que ya tanto me pesa, ella ha venido para aclarar su motivación trágica en mi vida. Yo transcurría por debajo de un agua cenagosa, como remero de muerte, y sólo de cuando en cuando me era dado respirar, desde dentro de aquel ambiente de sapo o de serpiente. Y como al fin podía levantarme, de rodillas, sobre el barro y mirar al cielo, ella tomaba un gigantesco saltamontes de entre las malezas y me lo escupía a la cara; luego salvajemente se iba, riendo como una niña mala.

Y yo tenía en plena noche que avanzar, todavía arrodillado, por aquella línea de rocas donde el mar se rompe, al final del puerto y, como en una isla, otra imagen de mí vivía circundada por un amor cariñoso, que mi mujer Gloria y mi hija María Lourdes me daban, acaso sin saber , o tal vez por conocerla demasiado, esa penetración nocturna de mis destrucciones interiores.

Me miraba yo mismo sonreír, trabajar, escribir libros, creerme poeta y crítico de arte; me miraba mirar muchas cosas, Entonces, me he despertado con un conocimiento diferente de mis orígenes y bruscamente, he recordado que tenía que escribir estas palabras sobre la pintura de mi amigo Manuel Capdevila. No ha transcurrido mucho tiempo desde que penetré en la exposición donde se reunían sus telas, congregadas más bien con humildad, para sentir un movimiento de rechazo.  

No me gustaban aquellos óleos, en los cuales la realidad era apenas deformada por un escamoteo irónico, en el que el alma analizaba los colores, y la inteligencia se servía de la línea. No me parecía bien -a mí, con mis sólidos principios estéticos que un artista bien dotado no avanzara un paso más tras los hallazgos inventivas del arte experimental del siglo XX, Se podía retroceder mil años, pero no cincuenta. Capdevila pintaba según las directrices del gusto sutil y delicado que procede del impresionismo. En sus paisajes blandos y húmedos, en sus esenciales conjunciones de formas, sin embargo tomadas a lo cotidiano, en su típica explicación de su sentir, acendrado al tiempo que frío, aparecía algo que me molestaba. Sería posiblemente el amor. Porque me he olvidado de decir que yo soy un ser lleno de odio. Entonces, ¿qué crítica puede esperarse de mí, cómo podré comprender lo que detesto: la propia vida?    

 

 

 ODA A IGOR STRAWINSKY Y OTROS VERSOS.  (Entregas de Poesía nº 4 .Abril 1944)   

 

Si sólo pudieses acercarte.Venir a este sollozo que sufre y permanece  Si sólo pudiese, desde lejos,Mirar este desierto,Esta calma sin manos, este cuerpoYacente, sin piernas, debatiéndose.   Si solamente pudieras oírme,Si acaso, sólo pudieras oír cómo te amoSin alas, sin agua, sin labiosCómo te amo, ¡ sí, sólo cómo te amo!   Pero tú desconoces mi existenciaY vas perdiéndote en mi propio desamparo. Tú desconoces el paisaje que levantaCada una de estas mis miradas rotas.Y vives en una casa sin puerta ni ventanasY no me oyes llorar cuando atardeceY no adviertes la sangre que mancha tu vestido.    Esta noche he vuelto a soñar con María del Carmen. Pero la significación general de todas las imágenes bajo las cuales ella se ha  aparecido me consterna al tiempo que me salva. Son ya quince años de vivir entre sueños, de rodar con la cabeza rota bajo todos los paisajes que ella  ha querido darme; quince años de tener la palabra no escrita en todas mis acciones y en todos mis recuerdos, y así hasta configurar el orden de mis idiomas expresivos, el contenido de mis aspiraciones

 

 1955 

 

 

  Sueño 9

 

   Era obligado por María del Carmen a vivir Bajo el agua pantanosa. Como laprofundidad era escasa, tenia que avanzar echado sobre el vientre y sólo de vez enCuando podía sacar la cabeza del barro paraRespirar.  

 

 Sueño 52   

 

María del Carmen me arroja un saltamontes(el animal que más temo) a la cara.  

 

 Sueño 71 

 

  María del Carmen se me aparece entre dosmontañas que resplandecen; al acercarme,veo que son dos joyas. Entonces ella se ríe y huye arrojándose contra uno de los montonesfulgurantes. Después, voy por una calle muypobre, es de noche y a mi lado va unamujer alta y despeinada. Nos paramos junto a un portal y me besa. Cuando aparto su rostro y lo vislumbro ante una claridadincierta, mortalmente me apesadumbro.    

 

 

Sueño 77

 

 

   María del Carmen clava una larga navaja enEl cuerpo de un pez palpitante aún, queAcaba de ser sacado del agua.

                    

                   

                           J.E.Cirlot.   "oscura estancia"   Collage  dedicado a R. Santos Torroella.

 

comentarios

  1. referencia a cirlot

    Presenté una ponencia en un congreso de la UCM dedicado a las diosas sobre Cirlot. Y sobre María del Carmen de la Riva, tengo una duda, que no sé si usted me podría resolver. ¿Es María del Carmen de la Riva García, hermana de la pianista Pura de la Riva, y casada con Antonio Cubillo?
    Muchas gracias por su atención

    Raúl Hernández Garrido | 04/04/2015, 19:49
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