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REFLEXION ESTÉTICA:EL COLOR DE LA NAVIDAD

jesusmc | 18 Diciembre, 2011 21:44

   

     En materia artística, yo soy más “cool” que nadie. Me gusta el frío de  la obra de Leo Villareal  cuando en Washintong DC, en la National Gallery of Art, realizó una impresionante instalación que ocupaba un túnel de 60 metros y utilizando 41.000 Leds blanquecinos. También me “pone” la obra del minimalista Dan Flavin y la trompeta congelada del Miles Davis en “Kind of Blue”.

  

 

 

 

                  

 

 

 

 

                  

 

 

 

      Pero, cada año, desde hace demasiados, cuando llegan estas fechas tengo demasiado frío. Hoy bajaba caminando por las Ramblas para ver la iluminación Navideña y he llegado a la conclusión de que en el Ayuntamiento de Barcelona debe haber algún concejal al que no le gusta la Navidad. Sea por algún doloroso trauma infantil o por su creencia ideológica, nos la hace pagar a todos los ciudadanos.

     Estas fiestas tienen un origen remoto, algunos dicen que precristiano, pero lo que es indudable es que para la mayoría de la gente estas fechas son importantes, bien porque simbolizan un cambio de solsticio o porque significan la llegada de la luz divina al mundo. La teología cristiana dogmatiza que Dios es Luz. En estas fechas la luz es más que un elemento útil para favorecer el gasto, y si fuera así, no se puede olvidar que hacer regalos es  también una costumbre simbólica y religiosa. Eso se recuerda cada año en Stonehenge  cuando se celebra el solsticio de invierno.

   El argumento que se ha buscado para contener la luz es el económico. Nos dicen que cada año se consigue 14 por ciento menos de energía que en 2006,ultimo año del despilfarro, lo que supondrá un ahorro en la factura municipal de un 7%. El argumento económico quiere ser convincente por la vía del bolsillo, pero es tan patético como si un padre de familia manifestara alegría cuando al hacer similar cálculo con los regalos para sus hijos, dijera: !He conseguido gasto 0!

    La cosa se empezó a calentar cuando hace unos años la luminaria del Corte Inglés empalideció, luego vino aquello de modernizar las luces con diseños poco afortunados en los que costaba ver eso que se llama el espíritu navideño ,fue un primer intento de laicización de las fiesta y la gente se rebotó  y ahora la luz es blanca como la de los fluorescentes de cualquier academia de barrio.

    Este año, apelando a razones de sostenibilidad y ecología que normalmente mantienen los concejales menos convencidos en materia religiosa, se ha optado por unas luces mal colocadas, sin ningún criterio estético , a demasiada altura , frías, pálidas, blanquecinas, directas alusiones al aburrimiento, así la ciudad, sobre todo en las Ramblas y aledaños, se ha convertido en un témpano de hielo. Dominan los colores fríos de la luna, no la alegría solar.

       

 

 

  El argumento basado en la sostenibilidad no es convincente, detrás hay desinterés y mal gusto, es el mismo mal criterio que se utiliza para iluminar, cada vez más, terrazas nocturnas y lugares oficiales, incluso el Hotel Ritz ha palidecido bajo  esa decisión municipal.

   Me parece bien que hayan escogido los Leds, unos micro-puntos de luz de tecnología poco contaminante, de ahorro energético y que permite que con el gasto de una bombilla convencional se pueda iluminar un buen espacio de calle. Pero apelando a la arbitrariedad y su mal gusto, ese supuesto concejal traumatizado por las fiestas, nos ha escogido unos puntos de luz blanquecina a pesar de que las tonalidades de los Leds pueden ser infinitas, cálidas y variadas.

   Se trata de escoger entre la calidez del sol o la frígida frialdad de la luna.

 El que pasea por ahí siente el frío gélido de la muerte y no la alegría festiva del renacimiento de la luz o el cambio de solsticio. Lo han conseguido, no apetece pasear, no apetece comprar y uno vuelve a casa con la expresión de Hamlet ante la calavera. Pero, eso si, el planeta se encuentra mejor, más sano, más ecológico, pero a costa de mi desencanto. 

  

                                  

 

comentarios

  1. sangre en las venas

    A algunas personas nos siguen gustando las distancias cortas, las sociedades que pusieron o ponen al ser humano en el centro de las miradas, por eso a veces nos sentimos lejos del arte que no consuela, o del excesivo reinado del racionalismo.

    Quizás tengamos que recoger algunas cosas que tiramos al suelo en la opulencia de la ida ahora que vamos muy desorientados en esta vuelta. Y es en este punto de vuelta en que se pretende cambiar todo, y de una vez, sin pensar en el equilibrio que debe haber entre lo que cambia y lo que se mantiene. Claro que si, la calidez de la luz navideña y la distancia con respecto al ciudadano no debieran haberse tocado.

    Para resolver estas dicotomías a veces va bien simplificar. No iría mal preguntar en el consistorio, a la hora de iluminar una urbe, a algún concejal que se le dieran bien los trabajos manuales en el cole para que se arremangara y sacara de su chistera más o menos naïf alguna idea buena, entre la espontaneidad y la artesanía, una idea con sangre en las venas aunque estuviera desprovista (por qué no) de la categoría de arte.

    Las personas que vamos conociendo en el día a día nos cambian. La localización, la iluminación de una obra en una expo modifica la percepción del que la recibe. Nosotros recibimos estas luces como si la "pescatera" del barrio nos diera con un lluç en la galta. Como cuando, en una presentación, estrechas la mano lánguida del interlocutor y te queda la irremediable sensación de que con él no podrás contar.

    Felices Fiestas Jossu.

    Gloria Cruz | 25/12/2011, 15:10
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