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TEOFAGIA.V.CAMPILLO EN EAT ART.BANYOLES

jesusmc | 16 Septiembre, 2012 09:20

 

victoria campillo. y jmc

victor cortina.victoria campillo y jmc

jaime sancho di luca 

jmc con Tony Cragg

Teofagia.  

    Las obras de Victoria Campillo tienen alta temperatura simbólica. De ella, se han elogiado sus series de banderas y países que  son  el reflejo alegórico de los sentimientos identitarios, sus casas no son otra cosa que refugios protectivos, las series sobre cerditos y  bolsos  aluden , de modo ingenuo, al dinero y a la propiedad,  ahora, pone en relación tres de sus series más conocidas: la santa cena, las sopas y los excrementos.

 

   Hay tres instintos por los que el ser humano mata: el de nutrición, el de reproducción y el de protección. No hay ninguna duda, estos fundan nuestra auténtica naturaleza y nos recuerdan que no dejamos de ser unos monos con traje. El ser humano convierte todo lo fundamental, lo que le resulta más útil e imprescindible en un símbolo. Por eso, el alimento se convierte en fuente de energía corpórea, vital, en sangre y en músculo pero es también la materia prima de alto simbolismo espiritual. El maná bíblico, el chivo expiatorio, los panes y los peces, el vino, el cordero de Dios o el manjar místico de la Santa Cena han fundado la tradición cristiana. La transformación de la materia o mejor la transubstanciación esta presente en el mandato: “tomad y comed porque este es mi cuerpo, tomad y bebed porque esta es mi sangre”.

 

  Esta alquimia de la nutrición crística, es la máxima espiritualidad de la fe cristiana e incluye en todas sus liturgias y epifanías el alimento, la nutrición como metáfora, como saciedad espiritual.

 

  La teofagia  no es exclusiva de nuestra cultura, la ingestión de Dios para acceder a su virtud se encuentra en numerosas culturas. Es costumbre de diversas tradiciones ingerir sacramentalmente al dios, en forma de pan, sea con la geometría perfecta de la hostia sagrada o en forma de animal o de hombre. Esta alquimia basada en la ingesta de lo sagrado transforma a quien la ejecuta, convirtiéndose, él mismo, en parte de lo divino. Por esta razón, aunque a cualquiera le repugne, lo excremental no es otra cosa que materia residual y parte de lo sagrado. Esa metáfora transformativa se encuentra en la sofisticada obra de Victoria Campillo quien con naturalidad y con lenguaje contemporáneo alude a un proceso alquímico en el que la materia grosera y la sublime del alimento se encuentran en inevitable vínculo.

  JMC.

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