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LA BAUHAUS Y LAS FIESTAS EN LAS ESCUELAS DE ARTE.

jesusmc | 07 Julio, 2013 18:50

LA BAUHAUS Y LAS FIESTAS EN LAS ESCUELAS DE ARTE.                                            

 

 

 

                                            

 

 

 

En 2005 se pudo ver una exposición que mostraba  la vida cotidiana y las fiestas que se organizaban en la famosa escuela de diseño y arquitectura de la Bauhaus (1919-1933). Testimonio de la vitalidad y de las actividades paralelas a la docencia de la escuela.

  

Una de las características de toda escuela es dar curso a la creatividad en cualquiera de sus manifestaciones. El último claustro del curso en la Escola Massana tenía varios puntos de vista que se desarrollaron con el rigor de una escuela de altos estudios empresariales: informes de comisiones, adscripciones, registro de matriculados…..etc…etc…todo bien.  Pero, hubo un momento en el que se discutió los límites que se deben poner a las fiestas escolares, dado que en  una de ellas se  acabó en vandalismo hormonal desatado. Un vandalismo con arrepentimiento, todo sea dicho de paso.  Fue el momento de mayor intervención del profesorado que con buena voluntad, intentaba poner “puertas al campo”  

 

 

 

 La exposición   a la que me refiero incluía frases como la siguiente:  “Estábamos locos de alegría y ganas de vivir, de bailar, de hacer tonterías, de no sé qué, simplemente había un ambiente entusiasta”.  

 

 

Jaume Vidal Oliveras en una magnífica crónica de la exposición decía:  la muestra inspira una grandísima ternura: es el sentimentalismo que despierta ver a los “cachorros” de artista. El material original expuesto es inmaduro, en formación, kitsch… y también lleno de ingenio. Son recuerdos de unos estudiantes que, posterior y eventualmente, llegaron a ser profesionales de una gran repercusión. …..la vida íntima de la Bauhaus, en la que participaron, con pequeños dibujos o pinturas, entre muchos otros, Paul Klee o Wasili Kandinsky. ….Falta por explicar el sentido profundo de la noción de fiesta en la Bauhaus y cómo ésta se integra en su seno, o si al contrario, es algo anecdótico. En el dadaísmo y el surrealismo, la fiesta, el juego, esto es, lo irracional, lo absurdo, la provocación derivada del frenesí carnavalesco, forman parte de su universo y de su manera natural de expresión. Independientemente de su alcance y profundidad, ambos movimientos implican posiciones de un individualismo radical frente a todo principio supuestamente racional y universal. Aunque con diversos matices, los divertimentos de la Residencia de Estudiantes -con Lorca, Dalí, Buñuel o Pepín Bello- en el Madrid de los años veinte del pasado siglo no se han interpretado como un simple jolgorio estudiantil, sino como algo de mayor alcance y vinculado a la poética surrealista. 

Obsérvese que la Bauhaus representa unos valores opuestos. Y, sin embargo, la “fiesta” y, por extensión, el “juego”, lo “absurdo”, la “improvisación”… tuvieron una influencia decisiva al menos en el teatro (¿performance?) de la escuela. Para el profesor Oskar Schlemmer, el teatro creativo se inspiró en estas fiestas de los estudiantes de la Bauhaus, aunque también en la iconoclasia de los dadaístas y su gusto por la parodia y la sátira contra el teatro tradicional. Esta actitud es el punto de partida para la renovación del género dramático y para una nueva noción de actor, espacio y escenografía. Más aún, algunas experiencias, no siempre recordadas, en concreto las Composiciones de luces reflejadas (un espectáculo musical y luminotécnico) se iniciaron de una manera lúdica en las fiestas del centro. La fiesta -y por extensión el espectáculo- introduce una nueva óptica para observar la Bauhaus, más contradicciones y más ambigüedades”. 

Los términos de vigilancia y castigo son necesarios para garantizar el “Orden del Discurso” Institucional.  Pero, como se plantea en el texto anterior, la creación artística poco tiene que ver con la disciplina extrema. Los profesores, como se demuestra en sus fiestas sociales, viven de otra manera: humo hay, alcohol hay, hormonas sueltas hay,  una fiesta bebiendo  “zarzaparrilla” solo puede acabar en soporíferas conversaciones sobre las “ratios” o las encuestas.  He ahí el desafío, formar y mantener viva la llama frágil del arte en las escuelas de arte, incluso en las fiestas.

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