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CRITICA DE ARTE.

BREVÍSIMO APUNTE BIO-ACADÉMICO

jesusmc | 14 Abril, 2008 21:17

  

 

 

 

Frente y un Perfil de Jesús Martínez Clarà.

 

 

 

 

Nací en Buenos Aires, y me pasa como a Fernando Fernán Gómez,que ,siendo más castizo que la Cibeles se pasó toda su vida dando explicaciones de porqué había nacido en Lima(Peru).Mi padre era oficial de la Marina Mercante española y se fue a navegar en la década de los cincuenta a la Argentina. Para los tiempos que corrían ,Buenos Aires era entonces como Nueva York.  Se llevó con él a su mujer y yo nací allí un 3 de Febrero de 1952 , era el día más caluroso del verano. Si he dicho verano, cuando aquí el 3 de Febrero es el día más frío del invierno. No sé si eso habrá moldeado mi temperamento. A los cuatro años después de haber visto como el agua se marchaba por los desagües en sentido contrario a las agujas del reloj y tras dejar en tierra argentina mis amígdalas, llegué a Barcelona después de un viaje de más de veinte días en un transatlántico francés que se llamaba “Bretagne”.Llegados a la casa de mis abuelos paternos en la Plaza del Dr. Letamendi del ensanche barcelonés, los vecinos curioseaban mi pequeño poncho y me preguntaban cosas para que hablara y así escuchar la musicalidad de mi acento argentino. Entonces era una exótica novedad que les debía recordar a Gardel y tango. Siempre he tenido que dar explicaciones, con lo fácil que es para otros decir, simplemente : he nacido en Barcelona.

Mi primera escolarización fue en la insigne institución “Aquinas” que regentaba el profesor Sr.Juncosa y su Mujer Rosa. Estaba tan cerca de mi casa que desde el patio del colegio podía saludar a mi madre en su balcón. El Sr.Juncosa, aunque la institución “Aquinas” era laica, nos explicaba historias sagradas que nosotros dormíamos placidamente poniendo las cabezas sobre las manos apoyadas en los pupitres. Era una manera relajada de aprender. Allí aprendí cosas básicas como  cantar en un coro el “Ave María” y  a prepararme para la 1ª comunión.

He estudiado entre sotanas primero en  La Salle Condal, luego en el Colegio San Miguel de los misioneros del Sagrado Corazón de Jesús. Recuerdo el camarín de la virgen como el lugar más pulcro que yo haya visto nunca, para mí, desde entonces, religión es sinónimo de limpieza y brillo. En la adolescencia  tenía una curiosidad inexplicable. Cuando podía me acercaba al Palacio de Justicia, subía los peldaños imperiales y allí esperaba a que el ujier pronunciara la frase: “audiencia pública” en el pasillo, entonces me colaba en la sala de rasos rojos y togas negras. A lo lejos, en lo alto, en una mesa sobre el parquet estaba  sentado un señor adormecido que representaba a la justicia. Mientras esperaba pasaba el reo esposado entre nosotros, me sobrecogía la sensación de que una finísima película de espacio me separaba del mal más atroz. Quizá por esa curiosidad , más literaria que legalista, me decidí a cursar Derecho. Dos años en la Facultad de Barcelona en la que gocé de las enseñanzas de personajes tan ilustres como don Octavio Perez-Vitoria,  Córdoba, don Angel Latorre, don Manuel Jiménez de Parga, Jordi Solé-Tura, Jesús Rodés era la época en el que el catedrático paseaba frente a nosotros ensimismado en sus explicaciones, estaba tan ausente de la clase que el bedel , entraba cuando se había cumplido el tiempo y con voz sonora decía: “doctor: la hora”. Entonces el catedrático bajaba de su nube de conocimiento y nos miraba por primera vez en toda la clase. Eran magníficos, ahora ya no hay nadie así. Llevado por afición a la lectura y por una inquietud indefinible decidí cambiar de rumbo y apuntarme a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma. Eso me permitía llevar el cabello más largo y dejarme una incipiente barba, el  saber del estudiante de letras pasaba por un buen “lock”.El gesto se hacía más trascendental y cuando nos cruzábamos  con los estudiantes de económicas ,los mirábamos con desprecio, nos parecían triviales pues no dejaban de jugar al fútbol con una pequeña pelota o con cualquier cosa , mientras nosotros estábamos abstraídos con Sartre, Marcuse o Kerouac .   

Mi promoción de la Universidad Autónoma de Barcelona empezó sus estudios en el monasterio de San Cugat, éramos pocos y el primer curso se hacía allí, en segundo ya te permitían  ir abriendo caminos por sendas entre descampados hasta que llegabas a los edificios de hormigón recién inaugurados en Bellaterra. Allí me licencié en Historia del Arte, en la especialidad de Arte Contemporáneo. Años más tarde volví como profesor y todo había cambiado. En la plaza de nuestra revolución, ahora había una tienda de “chuches” y una óptica de diseño.

 
 
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