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CRITICA DE ARTE.

IGNASI ABALLI : CLASIFICATORIA PASION

jesusmc | 16 Abril, 2008 21:00

                               

                                                                

 

                                                          

 

Artículo publicado en el suplemento Cultura/s  Nº 301 de La Vanguardia.Miércoles, 26 de Marzo 2008

 

 

 

Jesús Martínez Clará

Ignasi Aballí (Barcelona, 1958), fue elegido por Robert Storr para su exposición «Piensa con el sentimento, siente con la mente»  para la 52ª Bienal de Venecia  y estos días expone en la galería Estrany -De la mota. En el medio artístico se le considera como una persona rigurosa y discreta  que combina su labor pedagógica en la Escola Massana de Barcelona, con la de  artista conceptual, textualista y emocional. I.Aballí encajó perfectamente con el deseo del comisario de la bienal del año pasado que buscaba sobriedad y poco espectáculo

En otros tiempos, clasificar y ordenar eran tareas propias de archiveros, científicos o maniáticos. Pasión y clasificación son palabras que se excluyen mutuamente, pero este artista las ha conseguido reunir en una misma intención. Ignasi Aballi ha hecho triunfar la inteligencia emocional del orden y la seriación, frente a las ocurrencias escenográficas de algunas propuestas contemporáneas.  No es dado a las alegrías y su fascinación consiste en clasificar y controlar el exceso con un don natural para hacer series infinitas. En sus libretas negras,  anota, entre las O y las 24 horas de cada día, todo tipo de  acontecimientos, recorta cientos de datos de la realidad que captura de la prensa diaria y con los que ordena unas listas interminables. La espontaneidad del suceso, queda congelada para la historia y el acontecimiento es abrazado amorosamente por una estadística ineficaz, fría, pero de alto contenido estético. En sus recortes hay “Listados” interminables: desaparecidos, trabajadores, parados, heridos, porcentajes, dinero, tiempo, violencia, lenguas, religiones, monedas, números de lotería, todo es susceptible de integrarse en la búsqueda de su ansia de Orden y Absoluto :el anhelo de una clasificación total.

La reflexión sobre el procedimiento pictórico constituye  una de las series más importantes de Ignasi Aballi. Es una serie de largo recorrido que lo mantiene vinculado a la pintura como materia de reflexión y que se inicia en 1995. Ahora presenta unos cuadros de gran formato , monocromos: rojos, amarillos,  azules, blancos, negros y grises que sirven de fondo ,para que sobre ellos,  sobre imponga en impresión digital,  una textualidad clasificatoria de los diferentes nombres de cada uno de los  colores utilizados :,rojo cinamomo,  rojo de metilo, rojo Maxwell ,rojo clavel, rojo ciervo, rojo ciruela, rojo corazón, o rojo de Arezzo, hasta cubrir la totalidad de la tela roja, y así con el resto, todos colores reales, ninguno inventado, ya que la imaginación es un obstáculo perturbador para su trabajo.. En otro espacio de la galería se constata, con idéntica austeridad estética,  la atención a lo real y la intensidad en la que vive Ignasi Aballi.. Aquí se encuentran el color de los muros ligados a su biografía: el de su estudio, el de la propia galería en la que expone, esos son los colores de la bandera de lo cotidiano, se fija en ellos y los convierte en obra.

La redundancia de ver el color y las diferentes maneras de nombrarlo, refleja sus diversos usos y su historia, al nombrarlos vemos la palabra y la cosa que designa, cada dato, como cada nombre del color, es una mirada profunda sobre la realidad, y en el nombre de un color podemos ver el barro de la ciudad de Arezzo o un corazón latiendo. Aballí parece enfatizar la evidencia señalada por Wittgenstein, cuando, en su ensayo: “Observaciones sobre el color”, se pregunta  qué significan rojo, azul, negro, blanco , llegando a la conclusión de  que lo único que podemos hacer es señalar cosas que contengan esos colores, porque nuestra capacidad por explicarlos no puede ir más allá. Puede parecer que nos encontramos ante una proposición de conceptualismo extremo, pero no, Ignasi Aballi ha incorporado en este ejercicio verificatorio y científico: la dimensión sentimental.

La búsqueda incesante de lo real, a través de la verificación de su existencia, produce una meditación eficaz sobre el valor de lo mínimo, una mirada atenta sobre lo imperceptible, sobre lo pequeño. Y así, convierte la mirada hacia el detalle en pasión silenciosa. La intensidad callada, la emoción reservada, la imperturbabilidad, la contemplación estoica y atenta ante el mundo encuentra aquí, una buena representación. La obra de este artista es una reflexión sobre el origen del orden y sobre nuestro anhelo legítimo de conseguir un Absoluto nunca alcanzado. Pero también entronca directamente con las mentalidades de la sociedad de la comunicación, en la que el uso de los códigos binarios en informática, nos obliga a establecer, sea con las parrillas del  Excel o con cualquier otro programa, unos rigurosos procesos clasificatorios, entre afirmar o negar,  guardar o eliminar, abrir o cerrar, se forja un nuevo paradigma gnoseológico esta cambiando comportamientos y actitudes. Nadie escapa al orden. El arte de I. Aballi, en concordancia con este momento, nos ofrece la alternativa de un paradigma conciliatorio entre Clasificación y Pasión, nos ofrece su hallazgo como modelo de comportamiento para una nueva  mente  cibernética y apasionadamente fría.

                                                                                          

                    

                                                                  

                                          

 

 

          

                              

 

 

 

 

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