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CRITICA DE ARTE.

LOAN NGUYEN: L A ARTISTA DIAFANA EN EGO GALLERY

jesusmc | 16 Diciembre, 2008 15:37

  

             

               

 

 

 

 

 

 

 

              

 

 

 

 

 

 

 

               

 

 

 

 

 Artículo publicado en la Revista Avatar BCN  Nº 9.  16-Diciembre-2008

 Jesús Martínez Clarà

La artista Loan Nguyen tiene tres nacionalidades: Suiza, Francesa  y Vietnamita. Ahora expone en la Galería Ego algunas obras de sus series fotográficas: “Mobile” y “De Retour”. Movilidad y regreso son dos palabras activas, indican un estado de alerta, de cierta tensión y cambio, sin embargo  Loan Nguyen consigue dar a sus obras una calma absoluta e intensa y lo hace con tres elementos: su propia presencia, el lugar y la luz.

 

 

 

Presencia: para realizar su obra se toma a sí misma como modelo, hace un ejercicio de conciencia personal y eso la convierte en un ser sereno que reposadamente, siempre de pie, se muestra en un lugar escogido y se auto- fotografía. No hay nada de narcisismo, ni de auto citación, a la manera de Cindy Sherman, ni rastro de auto referencia como hace Sarah Lucas. A diferencia de ellas, sin un yo idolátrico activo, la actitud personal de Loan es la de quien no quiere trabajar con ficciones, reflejos pasajeros o sombras que velan, empañan la claridad del espejo, ella se presenta a si misma sin ideas preconcebidas, sin crear ilusionismos: es concreta. En ocasiones, mide con su cuerpo, en otras compara y siempre: contrasta. A Loan Nguyen le gusta decir que adopta una  postura para que  parezca que el personaje fue colocado allí como por arte de magia, sin voluntad ni propósito, como si estuviera en medio de la nada, absorta y en calma.

 

 

 

Lugar: ahí, instalada en un no-lugar, hace sus fotos de manera solitaria, concentradamente, hasta el punto que esa actitud tan relajada se convierte en meditación. Este aspecto de alta contemplación, similar a la percepción del vacío, favorece una paradoja interesante: por un lado, el lugar no es relevante porque desaparece como consecuencia de su extrema concentración, pero a su vez esa cualidad meditativa le permite ver las cosas y esos mismos lugares de un modo diáfano: tal como son. Por eso, los lugares en los que hace sus fotografías no quieren tener nombre propio, no necesitan definirse. Bajo la óptica de Nguyen  la vacuidad genera anonimato, pero, a su vez, por el contraste que he mencionado, sabemos, con precisión,  donde están esos sitios: un exterior en Laussane, junto al lago Leman, en el que se  fotografía a si misma con los puños enfundados en  unos guantes rojos,  un montículo en Madrid con un avión de papel entre las manos y en el que se ve una línea marcada en el suelo, o en el interior de un espacio sin importancia, mirando tras una cortina verde en Suiza , ese es el extraordinario efecto de las obras de Loan Nguyen y es que siendo fotografías de ella misma y de  lugares concretos y localizados ambos aspiran a la categoría de no-lugar, de no-presencia, dos estrategias de desaparición en una atmósfera estática.

 

 

Luz: la luz es el auténtico causante de esa sensación diáfana, de esos espacios, de esos lugares que no quieren definirse. La luz, la diafanidad y la transparencia otorgan a sus imágenes el misterio más sublime, aquel que se encuentra tras lo claro, tras lo evidente. Loan evita cualquier tópica  utilización de  la misteriosa bruma propia de la estética oriental, por otro lado tan seductora. La luz de sus obras es la de un día cubierto por nubes ligeras que le sirven de “parasol” sin tener que utilizar otros recursos técnicos, la naturaleza le da la luz que necesita para conseguir unas tonalidades, unas atmósferas blanquecinas, claras, limpias. Una mujer diáfana haciendo unas fotografías en las que, aparentemente, no sucede nada y en las que ni su cuerpo, ni los objetos generan sombras.

 

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