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CRITICA DE ARTE.

MERY CUESTA Y EL TAM TAM DE LA CRITICA DE ARTE

jesusmc | 02 Marzo, 2010 19:38

 MERY CUESTA Y EL TAM TAM DE LA CRITICA DE ARTE.  

 

 

 

 

 

 

 

                        

Mery Cuesta y yo tenemos tres cosas en común: somos críticos, tocamos la batería y la tercera es que una extraña coincidencia del destino nos hizo compartir espacio  en las páginas del suplemento especial de Cultura´s  dedicado al Romanticismo que viene.  

 

 

 

De ella se dijo, en la presentación del programa “Silencis” de TV3 , que:   “La comisaria de arte no se muerde la lengua ni calla ninguna crítica, pero es que además le pagan por hacerlo. Es crítica de arte, curator y organizadora de todo tipo de eventos culturales y surrealistas. Es uno de los personajes más estrambóticos del underground de nuestro país.”   Dicho de otro modo, corto y raso: es nuestra Paloma Chamorro de los años 2.000. La persona adecuada para “épater les bourgeois”, para crear un impacto, un contraste tan fuerte con lo establecido que al agredido y al agresor les acaba gustando la sensación. Esta expresión fue inventada  en pleno apogeo post-romántico y pre  dadaista pero aun hoy en día hace fortuna en artistas e intelectuales. Recuerdo cuando nuestro premio Nobel don Camilo decía en entrevista televisiva que podía sorber una palangana de agua por el trasero y se ofrecía  para hacer una demostración allí mismo.

   

      Es cierto que el orden del discurso institucional, como ya mencionó de modo preclaro Michel Foucault en su día, tiene unos mecanismos sutiles para neutralizar aquello que le perturba. Hay dos que actúan de un modo muy eficaz: el rechazo y la aceptación. El rechazo es el más expeditivo, pero propio de otras épocas más ideologizadas. Hoy, que aun estamos bajo los epifenómenos de  lo posmoderno ,actúa mejor el eclecticismo de la aceptación. La estrategia de la inclusión no se asusta ante ninguna contestación radical, es  más,  las incluye y las premia.

 

      A mi lo que me gusta de Mery Cuesta es que delira y arriesga. Yo que soy un envidioso me maravillo ante tales  atrevimientos críticos y soy muy receptivo y solidario  ante esta actitud. Lo que digo no es solo una buena intención , sino que lo escribí  y publiqué en un   artículo de mi primera etapa en La Vanguardia llamado EL DELIRIO DE LOS CRITICOS el 3 de Mayo de 1983.     A partir del discurso teórico de Achille Bonito Oliva impulsor de la Transvanguardia italiana, analizaba en  ese artículo su posición y la de los críticos de arte, que generalmente se muestran alarmados ante las incógnitas y que escriben abrigados por la certidumbre de lo seguro, sin mucho riesgo frente a los fenómenos  artísticos contemporáneos.Es decir, que el artista arriesga mucho y el crítico muy poco. En este caso, en el caso de Mery Cuesta, me encuentro ante alguien que dicho de un modo rápido, arriesga más que cualquier artista-concepto-gestor - archivista de nuestra época y Mery La Crítica, al hacer sonar su TAM_TAM anuncia con los tambores en su máxima potencia que está dispuesta para armarla.    

 

 

 

Sobre este tema ver el post de | 30 Junio, 2009 18:42: EL CRITICO DE MODA.

  

 

 

 

 Del texto mencionado, quiero destacar unos fragmentos que pueden servir para entender algunas posiciones actuales, herederas de una condición posmoderna que abrió la caja de Pandora de donde han salido algunas ruidosas actitudes críticas contemporáneas como Fernando Castro Florez, José Luis Brea o Mery Cuesta.

Decía entonces: 

 (FRAGMENTOS)

 

       La misión histórica de la crítica artística ha consistido, desde el S. XVIII, en ordenar y dar sentido a las diversas propuestas que sucesivamente han ido apareciendo sobre la mesa de la cultura. Sin embargo, en muy pocas ocasiones, la teoría artística ha sabido corresponder en igualdad de condiciones al desafío creativo de las nuevas tendencias. ¿Quién no ha tenido la sensación de que el artista arriesgaba mucho en esa mesa de juego, mientras el crítico como «croupier » aventajado y viejo, se quedaba a la expectativa de la apuesta y siempre en defensa de los intereses de la «casa»?

Me parece que el desafío del discurso del profesor Bonito es similar al lanzado por sus pupilos, quienes en igualdad decondiciones en el riesgo, han abierto una serie de brechas profundas e interrogantes de toda índole que afectan a la propia labor crítica.¿Acaso la crítica está a salvo de la anunciada crisis de lo Unitario?¿está libre del eclecticismo que define las nuevas tendencias? ¿tiene remedio para el nihilismo?

Esta serie de interrogantes me recuerda que los críticos, viciados por la ideología o por las buenas intenciones, se han dedicado con empeño a alejar toda inseguridad y duda de la práctica artística, consiguiendo incluso el reconocimiento de los propios artistas, quienes después de la tormenta creativa vuelven a encontrar en el discurso crítico el sosiego de lo cierto, el relax de lo seguro.         

     Sí, la práctica artística ha cambiado la mirada unitaria por el fragmento y el delirio, ha sustituido la certeza por la semejanza y la pluralidad. De igual modo la crítica debiera hacer un ejercicio similar y adecuar su discurso teórico a la realidad y al método de la Pos-modernidad.

 

 

 

Ese nihilismo no es trágico, sino más bien aquel que se desprende del reconocimiento de la duda. Recordemos los interrogantes básicos que, según Savater, caracterizan la actitud nihilista: ¿es posible actuar?¿en nombre de qué? ¿qué debe hacerse?      El discurso crítico debiera adecuar su aletargada conciencia al protagonismo de la pasión como instrumento de conocimiento y de opinión. La pasión crítica comporta ese riesgo que reclama todo acto creativo, a pesar de que el error esté al acecho. Error apasionado e histórico, como el que cometió el crítico Albért Wolff en «Le Fígaro» del 3 de abril de 1876 con motivo de la segunda exposición de los Impresionistas en la galería Durand-Ruel, cuando definió a los miembros del grupo de «dementes perdidos» y de «peligrosos delincuentes que: “como toda banda furiosa incluye a una mujer: Berthe Morizot».  

 

 

 

          La crítica debe aceptar ese desafío individual, y prescindir de los códigos universales en favor de los particulares. Del mismo modo que han hecho los Transvanguardistas, debemos encontrar un lugar para la teoría y de la historia que por medio de la analogía y la metáfora nos permitirá establecer relaciones diversas y heterodoxas que son la base de todo eclecticismo y que permite perder el respeto a la división entre los estilos artísticos.            Esa libertad contamina deliberadamente la historia y va contra el propósito de clarificación de la misma, no se utilizan modelos en su pureza inicial sino manifiestamente adulterados, pues ya no existe la confianza en esa voluntad ordenadora de la crítica.    

  

     Otra cuestión paralela al fenómeno transvanguardista es que al prescindir de la unidad del discurso, aparece un discurso fragmentario de amplio alcance cuyo único propósito es vivir a la deriva, en palabras del profesor A.B.O.: «la vida unitaria asegurada por una ideología dispuesta a, explicar todas las contradicciones y las antinomias se sustituye por una posición abierta, dispuesta a vivir a la deriva». Debe entenderse que el discurso crítico debe ser un perpetuo cruce de caminos, en el que con toda naturalidad se impone la idea de fragmento como sustituto de la coherencia, haciendo honor a aquellos que como Heráclito, Nietzsche o los hermanos Schlegel edificaron su pensamiento sobre el criterio de la pluralidad y el fragmento. Esa óptica fragmentaria y estrábica, permite trabajar sobre un sinfín de lenguajes a la vez, sin temor alguno a la contradicción; dado que no existen parámetros verdaderos, no debe temerse la utilización de referencias irreconciliables entre sí. Evidentemente debe existir algún factor que aglutine esa dispersión. Ese factor es la ironía que, como se sabe es el alejamiento o la distancia que propicia el nihilismo y garantiza un mínimo de objetividad en el proceso de conocimiento. La sabiduría en conjugar pasión e ironía posibilitará los nuevos comportamientos críticos, bien entendido que la ironía no es incapacidad sino

una estrategia del conocimiento 

 

 

 

 

                    

 

 

 

    "90"                                                                                       "2010" 

 

 

 

 

 

 

 

 

                    

 

comentarios

  1. as valtema...

    con "criticos" y "artistas" como la tipa esta, y el friki de "el Artixta,con x de mixta"..pa cagarse..la una no sabe ni hablar, y el otro tiene menos gusto que una sopa de corcho...la madre os pari...hay que currar amigos,,, el talento o se tiene o no se tiene, no juguis al rollo underground, que est mu pasao..ya..(y tb hay que tener talento..)

    Juan Antonio | 01/06/2010, 15:21
  2. Ufffff

    Como que tremendamente sobado este sonido no? como que no pillo el discurso de fondo que debe ser la puta ostia baada en leche ultracontempornea o esto es una birria de las que hay a cientos. espero que Mery sea una lumbrera a la hora de filosofar, pq lo que es artista...en fin, todo es saber convencer a la gente adecuada con tus artes discursivas.

    Sam | 28/06/2010, 07:19
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