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EL EFECTO MUGURUZA-HIDALGO EN EL APOLO

jesusmc | 03 Octubre, 2010 15:44

EL EFECTO MUGURUZA- HIDALGO EN EL  APOLO  

 

  

 

 

 

 

 

 

    Ayer era Sábado y fue un día rico en emociones y descubrimientos. Unas cuantas casualidades me llevaron al concierto de Jabier Muguruza en el Apolo. Debo reconocer que fue un buen hallazgo. No conocía al canta-autor vasco más que de su intervención en el concierto homenaje  que mi amigo Alberto Manzano había organizado para homenajear a Leonard Cohen. Hizo una versión muy especial del “Chelsea Hotel” y “So long Marianne”. De hecho fue el mismo Alberto quien me invitó a asistir junto a unos amigos. Ahí ya capté el fondo melancólico que utiliza este músico que junto al acordeón y los ritmos   crean una sensación de alta poesía de lo cotidiano y una sonoridad relajada y opiácea.     

Las mesas estaban dispuestas como en un café-concierto, mesitas redondas una vela encendida en el centro, semi- oscuridad en la platea y en el escenario Jabier Muguruza acompañado de dos de sus músicos junto al saxofonista  Gorka Benitez. Junto a ellos, sentado en un cómodo silloncito el crítico musical del País, Luis Hidalgo que  igual que Muguruza es de Irún.    Se trataba de un concierto singular, algunos  temas  del disco Taxirik Ez(2009)  más otros anteriores se intercalaban con las intervenciones del crítico Luis Hidalgo y de las tímidas preguntas de los espectadores. La situación era muy interesante. De ella he querido sacar algunas conclusiones superficiales en relación a la práctica artística y a la crítica en general.

 

 

Una , es que muy pocas veces se puede conjuntar: autor, público y crítica en un mismo espacio. Me imaginaba si eso sería posible en el Arte: ver una obra de Barceló, sumando sus comentarios, los del crítico y el espectador.

La segunda es que actualmente se quiere explicar todo con un excesivo afán didáctico  y los museos de arte contemporáneo desmenuzan para los escolares y párvulos las terribles obras de Francis Bacon o las complejas esculturas de Eva Hesse, tal como Muguruza e Hidalgo hacían con la música y sus canciones.

   La tercera y última es que todas las preguntas del público las hicieron las chicas. Yo tuve la tentación de intervenir por aquello de la paridad. Creo que eso es debido a la superioridad del cerebro de las mujeres sobre el de los hombres. Es decir que tras la interpretación musical en el que el cantante conseguía el clima , la atmósfera  pensada para cada canción y una vez el espectador había puesto en marcha el hemisferio de las sensaciones , la audición, la vista. Las papilas gustativas en marcha debido a la cerveza que iba tomando, las imprecisas intuiciones sobre las palabras en Euskera que no comprendía pero del que me llegaba su rica sonoridad, cuando todo esto arrancaba y se colocaba a la altura de vuelo adecuada , ¡zas! se producía un brusco descenso a las simas de la palabra razonada y los argumentos, a la orbita de las preguntas, la reflexión y las respuestas con la luz encendida. Esa montaña rusa de ascensos y descensos bruscos me hizo el cerebro “fosfatina”.

Se dice que la mujer puede hacer dos cosas a la vez y el hombre solo una. Creo que esa fue la culpa de que mi cerebro acabara tan estresado. Yo, como he dicho subía  las cimas más altas de la sensibilidad musical y caía en picado al suelo de la cruda realidad. Mientras las mujeres de la sala podían hacer las dos cosas con naturalidad para ellas no había ninguna dificultad en combinar pensamiento y emoción. Nosotros no podremos hacerlo nunca y de ahí la diferencia comprobada a través del contraste entre música y palabra del efecto Muguruza.

   

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